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La Villa de Los Realejos está situada al norte de la isla de Tenerife. Con una superficie de 57´5 kilómetros cuadrados y una población de 38.000 habitantes, combina de una forma excepcional, naturaleza, aventura, historia, progreso y tradición, lo que le convierte en el municipio más festivo de España.

Adentrarse caminando en las profundidades de un barranco, descubriendo los secretos que esconde la fauna y flora de nuestra tierra... Lanzarse al vacío en parapente y experimentar la libertad de un ave en pleno vuelo... Degustar su variada y exquisita gastronomía, acompañada de un buen vaso del mejor vino blanco de Tenerife o alojarse en una de sus hermosas casas rurales...

...en Los Realejos, todo es posible

Los Realejos con los cinco sentidos

Mira

Mira... Abre bien los ojos y siente la magia de las Hespérides. Serás testigo de la muerte y el renacer de Ladón, que vertió su sangre en esta tierra, donde germinaron los dragos, fruto de la historia y la leyenda. Déjate seducir por la fuerza de una raza, que permanece viva en cada rincón y mirador de Los Realejos. Una historia forjada a espada, en un lugar donde la primera piedra fue levantada…

Huele

Huele... Aprecia el olor del mar que se funde con el verdor de las montañas, laderas y barrancos de un pueblo único, donde todo es posible. Aléjate del ruido de la civilización con un solo paso y disfruta de las espectaculares vistas que te ofrece Los Realejos, sobre la arena negra volcánica, bajo el océano o en medio de sus espacios naturales… Percibe en un solo gesto los aromas a salitre y laurisilva.

Saborea

Saborea... Siente la explosión de tus papilas gustativas al catar el acidulce de nuestro magnífico vino blanco… al degustar la crujiente textura de nuestros famosos pasteles.... al saborear la suave masa de nuestras originarias papas bonitas... nuestro cochino negro... nuestra carne de cabra... la miel que aquí se engendra.... Déjate envolver por un pueblo impregnado con el sabor de lo auténtico.

Toca

Toca... Descubre la esencia de un pueblo en el barro que se amolda y crea las formas de antaño… Efluvios de un futuro sostenible, traducido en exquisitas villas rurales, verdaderos remansos de paz y sosiego… Surca el cielo en parapente… Atraviesa la cresta de una ola… Desafía la gravedad, con una ruta que comienza y termina en el mar, tras haber alcanzado el punto más alto de España.

Oye

Oye... Escucha el fervor de un pueblo, que revive la tradición entre estallidos de carcasas y palmeras, haciendo retumbar al guanche dormido, cuyo espíritu latente se deslía con el trinar del capirote y el sinuoso vaivén de las olas de ese mar siempre presente... fortaleciéndose cada febrero, cada mayo, cada julio, cada agosto... en el corazón de un realejero Ilustre, don José Antonio de Viera y Clavijo...