Oye

Oye… Escucha el fervor de un pueblo, que revive la tradición entre estallidos de carcasas y palmeras, haciendo retumbar al guanche dormido, cuyo espíritu latente se deslía con el trinar del capirote y el sinuoso vaivén de las olas de ese mar siempre presente… fortaleciéndose cada febrero, cada mayo, cada julio, cada agosto… en el corazón de un realejero Ilustre, don José Antonio de Viera y Clavijo…